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Mantenimiento10 min de lectura

El mantenimiento que sí puedes hacer en casa

La parte eléctrica casi nunca es la que falla. Lo que se rompe es lo de siempre: frenos, transmisión y tornillos flojos.

Motor de buje y cassette trasero de una bicicleta eléctrica

Existe la idea de que un vehículo eléctrico requiere un taller especializado para todo. En la práctica, la inmensa mayoría de las intervenciones son de mecánica de bicicleta de toda la vida, y buena parte se hace en casa con dos llaves y diez minutos.

Cada dos semanas: la presión

Es la revisión con mejor relación entre esfuerzo y beneficio. La presión recomendada está impresa en el flanco del neumático, normalmente en bares y en PSI, como rango mínimo y máximo.

Rodar con poca presión aumenta el consumo, empeora la estabilidad y multiplica el riesgo de pinchazo por pellizco. Rodar con demasiada resta agarre y transmite todos los baches. Dentro del rango, más cerca del mínimo da comodidad y más cerca del máximo, eficiencia.

Cada mes: frenos

Dos comprobaciones sencillas:

Un chirrido agudo y constante suele indicar suciedad o contaminación de la pastilla. Un roce metálico áspero suele significar que ya no queda material. El segundo no admite espera.

Nunca con desengrasante Los discos de freno se limpian con alcohol isopropílico y un paño limpio. Cualquier producto con aceite o silicona contamina la pastilla de forma permanente y hay que sustituirla.

Cada mes: la cadena

En un vehículo con asistencia, la transmisión soporta más par que en una bicicleta convencional, y se desgasta antes. Limpiar y lubricar la cadena es lo que más alarga la vida del conjunto.

El procedimiento: limpiar con un trapo, aplicar lubricante específico gota a gota en cada eslabón mientras se gira el pedal hacia atrás, dejar penetrar unos minutos y retirar el sobrante con un paño. Ese último paso es el que casi todo el mundo se salta, y el exceso de aceite atrae polvo que actúa como abrasivo.

Cada tres meses: tornillería

La vibración afloja tornillos, y en un vehículo más pesado y rápido la vibración es mayor. Repasa con la llave adecuada, sin forzar:

Si el fabricante indica pares de apriete, respétalos. En piezas de aluminio o carbono, pasarse de fuerza rompe más que quedarse corto.

Lavado: cuidado con la manguera

Agua a presión dirigida a rodamientos, conectores eléctricos o al motor es una mala idea. La mayoría de los sistemas resisten lluvia y salpicaduras, pero no un chorro que empuja el agua hacia dentro. Cubo, esponja, jabón suave y enjuague sin presión.

Y antes de lavar, retira la batería si el diseño lo permite, y seca bien los contactos antes de volver a montarla.

Cuándo llevarlo al taller

Hay cosas que no conviene improvisar: purgado de frenos hidráulicos, radios y centrado de ruedas, cualquier intervención dentro del motor y todo lo que implique abrir la batería. En el último caso, además, manipularla por cuenta propia suele anular la garantía y añade un riesgo real de incendio.